La Mora, Guanajuato, alias “La Berry”

Marisol Jiménez Fonseca, delegada de la comunidad de La Mora, municipio de Tarandacuao, Guanajuato
Créditos; Alexis Charbonnier para La Prensa Libre del Noroeste de Arkansas
Marisol Jiménez Fonseca, delegada de la comunidad de La Mora, municipio de Tarandacuao, Guanajuato Créditos; Alexis Charbonnier para La Prensa Libre del Noroeste de Arkansas

LA MORA, TARANDACUAO, GUANAJUATO, MÉXICO -- En una fresca mañana del mes de agosto, el sol radiante ya ilumina la iglesia y la plaza principal de La Mora – alias "La Berry" – una pequeña comunidad del municipio de Tarandacuao, Guanajuato.

La delegada de La Mora, Marisol Jiménez Fonseca, recibe amablemente al reportero de La Prensa Libre y a la encargada de turismo del ayuntamiento de Tarandacuao, Andrea Castelán Regalado.

Y es que La Mora tiene lazos muy fuertes con Arkansas, nos dice la delegada. En este pueblo de unos 400 habitantes -- de los cuales solo 100 son permanentes, los demás viven en Arkansas y Texas -- vienen cada año unas 50 familias en carro desde Arkansas a visitar a sus familiares, sobre todo de Rogers, "donde conocen a La Mora como 'La Berry' – 'la Morita'", nos explica.

"Los paisanos de la Mora trabajan en el pollo, en la construcción, en la jardinería y limpiando casas. Tienen alrededor de 40 años emigrando a los Estados Unidos, primero a Dallas y luego a Arkansas", nos dice. Nos explica que ahora muchos habitantes de La Mora se están yendo por contratos con visas H2A, H21 y H2B para trabajar en la jardinería y en los campos de fresa y sandía.

Los paisanos se van a Arkansas sobre todo por la escasez de trabajo en La Mora, nos explica. "Hay trabajo en el campo, en la fresa, pero no es nada seguro. Cuando hay mucha lluvia o cuando está muy seco, se acaba. Aquí, un jornalero solo gana MX$200-250 al día (US$12-$15)".

Otro de los retos que encara la comunidad es la escasez de transporte. Hay solo dos viajes al día a la cabecera municipal, a las 8:30 y las 13:30. De otro modo, hay que pedir que venga un taxi desde Tarandacuao, lo cual cuesta MX$130 (US$7), o medio día de sueldo.

"Es mejor tener un carrito. Buscan un carro aquí, un coche americano, son fáciles de legalizar, o algunas familias traen sus carros desde los Estados Unidos", nos dice.

La despoblación ha tenido un gran impacto, sobre todo en las escuelas, explica la delegada. La primaria solo tiene 30 alumnos, repartidos en dos salones. El kínder solo tiene 15 alumnos, por ello hay tres grados en un solo salón, y la secundaria solo tiene diez alumnos. Los alumnos de preparatoria se tienen que levantar muy temprano para tomar el transporte de las 6:30 que va a Tarandacuao.

Cuando no están los migrantes, el pueblo luce vacío, dice la delegada. "Están muy vacías las casas, solo una de cada ocho está habitada. ¡Mire aquella manzana, allí no vive nadie"! dice, señalando unas casas alrededor de la plaza, donde Ramón Sánchez Mora, el jardinero municipal, quien tiene hijas y nietos en Arkansas, se encuentra trabajando. "Habrá unos 100 habitantes permanentes. Cuando vienen los migrantes las casas se llenan", nos dice. Cuando llegan, el silencio se convierte en alegría.

Los migrantes contribuyen muchísimo a la vida de la comunidad, dice la delegada. "Sus casas son las más bonitas del pueblo, la mayoría son de dos pisos. En la fiesta del 1 al 3 de enero, cooperan, trabajan como voluntarios, se organizan. Ayudaron a que se ampliara la parte trasera de la iglesia".

El encargado de la colaboración de los migrantes en Arkansas se llama Teo Reyes, dueño de la empresa de toros Rancho los Tornados, explica la delegada, agregando que las familias Torres, Salinas y Perea, entre otras, apoyan mucho.

Nos informa que este año no hubo muchos paisanos en las vacaciones de verano. "Se esperan a la temporada de las fiestas. Se pone mejor en enero. Se ve pura camioneta bonita, ¡quién sabe si ya están pagadas" !, bromea.

"Paisanos, no se olviden de su comunidad", enfatiza la delegada, "para que se haga más limpia, estamos trabajando en la limpieza de las calles y del jardín".

Precisamente, Ramón, el jardinero, se encuentra trabajando duro para que luzca más bonito el pueblo. Nos explica que sus hijas están en Arkansas. "Tengo una nieta en Fayetteville, estudió en la Universidad de Arkansas, con pura beca", nos presume, orgulloso de los logros de sus familiares. "Es difícil conseguir la visa, pero vale la pena", concluye Ramón.

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